Economista de gran prestigio y extensa trayectoria, José María Dagnino Pastore preside actualmente el Comité Ejecutivo de la Fundación Bolsa de Comercio de Buenos Aires. En el vértigo de la coyuntura económico-financiera argentina, el Dr. Dagnino Pastore se refirió a distintas cuestiones sobre la situación actual de la economía argentina y el contexto internacional que cobrarían súbita actualidad tras la charla mantenida con Manuel Oyhamburu, economista de la BCBA.

–¿Cuál es, desde su punto de vista, el principal problema que hoy enfrenta la economía argentina?

–Esquemáticamente, como problema urgente está la situación de la balanza de pagos; y como cuestión importante, y no menos urgente, la reducción del gasto público. El problema de la balanza de pagos se origina en que la Argentina tiene compromisos por deuda, y además tiene un déficit corriente, o sea: exporta menos de lo que importa, incluidos en esta consideración no sólo los bienes sino también los servicios (por ejemplo, el turismo). El primero de los problemas está resuelto con el préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que permite atender los servicios de la deuda. La Argentina tiene para sí el compromiso de reducir el déficit corriente, que obviamente se puede disminuir incrementando las exportaciones o conteniendo las importaciones; y el mecanismo para lograrlo es el aumento del tipo de cambio, que ya ocurrió en una gran proporción. Eso facilita la exportación y hace más cara la importación, lo cual permitirá una sustitución por parte de la producción local. Asimismo, por todas las medidas de reducción de gastos va a haber un período de recesión, y en la recesión habrá menos actividad y menos importaciones.

–¿Cree usted entonces que este nuevo tipo de cambio entonces ya alcanzaría para corregir en gran parte ese déficit de cuenta corriente?

–Sí. En el tipo de cambio está lo que podrían llamarse los “factores reales”, que es la competitividad de las importaciones y exportaciones, y están los movimientos de capitales buscando ganancias de corto plazo. Todos los estudios marcan que en la primera de las consideraciones este tipo de cambio estaría por encima del nivel de equilibrio.

–En base al tipo de cambio de paridad del poder adquisitivo…

–Así es. Esos estudios también son relativos: hay que ver qué se considera como punto de partida. Sin embargo, en líneas generales, los distintos estudios marcarían eso: que el tipo de cambio está por encima del nivel de equilibrio. Sin embargo, para determinar el tipo de cambio según los movimientos de capitales la cuestión es más compleja, ya que estos dependen de la confianza. Tengo la impresión de que, con la ayuda del FMI, el Gobierno tiene suficientes municiones para frenar el delirio especulativo. El tipo de cambio hizo lo que en inglés se llama overshooting: esto es, que va por encima de su nivel de equilibrio y después baja. En la crisis de 2001-2002, el tipo de cambio (que era 1 antes de la crisis) explotó hasta 4, o sea, aumentó un 300%, y después bajó a 3: ése fue el overshooting de aquel período. El Gobierno trata de regular el overshooting para que no llegue a un nivel tan grande, porque eso puede generar remarcaciones de precios internos que después es difícil corregir hacia la baja.


5 meses y medio para el Estado

–Respecto del déficit fiscal, ¿no hay relación entre un déficit y otro?

–Sí, la manera más sencilla de ver eso es pensando en una economía de tres sectores: el sector público, el sector privado y el sector externo (que es el resto del mundo). El sector público argentino tiene un déficit que debe ser compensado por un superávit de los otros dos sectores; de manera que si se reduce el déficit fiscal –que debería hacerse por vía de reducción del gasto– hay menos presión para que nos financien desde el exterior y menos presión también sobre el sector privado.

–E incluso hasta podría provocar un shock de inversiones, o generar los recursos necesarios para la inversión, desde el punto de vista del sector privado…

–Bueno, al habernos dicho el resto del mundo que no nos quiere financiar más (y por eso intervino el Fondo), entonces el ahorro tiene que ser local. Si el sector público no reduce su déficit, la carga sobre el sector privado será devastadora. Así que, sí o sí hay que bajar el gasto público. El anterior gobierno, que estuvo 12 años en el poder, aumentó el gasto público del 25% del PBI al 45%. Antes de ese período, los argentinos trabajaban en promedio 3 meses por año para el Estado. Después de esos 12 años, los argentinos trabajan en promedio 5 meses y medio por año para el Estado. Quizás esto no se vea en los impuestos directos, pero sí se ve en los precios de los productos que incorporan impuestos.

–¿Cómo ve al Gobierno actuando en ese punto tan relevante que es el déficit fiscal y el enorme gasto público?

–Quizás convenga dar algunos números. Del gasto público consolidado (es decir, no sólo el sector público del gobierno nacional sino también el de los gobiernos provinciales y municipales), el 40% son sueldos, el 25% son gastos de seguridad social, y otro 25% son subsidios económicos y sociales. ¿Dónde se puede bajar esto? Bueno, lo que ha hecho el Gobierno es reducir los subsidios aumentando las tarifas, pero esto en realidad no implica una baja del gasto. La visión del Gobierno es que éste es el nivel de los costos de energía, gas, transporte, etcétera; los precios se habían quedado muy atrasados durante los 12 años previos, y entonces hay que alcanzar los costos. Pero hay un segundo lado de esto, que es el que me parece que hay que ver, y probablemente empiece a mirarlo un poco el Estado: estos costos, ¿no se pueden bajar? Y si uno mira históricamente, hay estudios de FIEL que muestran que estos costos han subido durante esos 12 años; o sea, se estaban dando subsidios no al nivel de costos de 2001 sino a un nivel de costos que fue aumentando. Creo que eso amerita una mirada, y espero que así lo haga el Gobierno. Creo que el nuevo Ministro de Energía (Javier Iguacel) está en la línea de atenuar el aumento de tarifas y mirar un poco estos aspectos.

Los límites de Trump

–¿Cree que hay cierto pánico exagerado de parte de los agentes económicos, en términos de la compra de dólares, o esta conducta tiene justificación?

–Creo que hay un contenido de pánico que trasciende lo económico y va más a lo político. El pánico es a que después de 2019 no haya cierta continuidad con los actuales lineamientos, y eso es lo que creo que hay que ir elaborando a lo largo de este año y pico que falta para las elecciones presidenciales.

–Gane quien gane la próxima elección, se trata de que haya continuidad en esta idea de que el Estado no puede gastar 45% del PBI, de que la presión fiscal no puede ser ésta, de que el país no puede tener un “costo argentino” enorme…

–Ésa es la preocupación. De todas maneras, creo que el pánico es exagerado porque los números muestran solidez de reservas, apoyo internacional, que se están tomado las medidas en la línea adecuada… Y yo espero que, en la medida que los nuevos funcionarios actúen en la dirección correcta, se irá sintiendo que se avanza en el camino indicado.

–Respecto del contexto internacional, ¿cómo ve el mundo, de cara a los próximos meses y a 2019, para con la Argentina?

–Me parece que la línea política de (el presidente de los Estados Unidos) Donald Trump está empezando a encontrar límites a sus acciones. Por ejemplo, creo que la reacción de China de poner un impuesto a las importaciones va a golpear a los agricultores estadounidenses. De manera que esa línea por la que iba Trump, casi de autonomía de Estados Unidos, empezaría a encontrar sus límites. Mientras tanto, el efecto es sin dudas negativo, y ya lo estamos palpando en el precio de las commodities, entre otras cosas. Por otro lado, la economía estadounidense anda bien, aunque el endeudamiento del Estado (incluso en su propia moneda) es muy fuerte, de manera que hay un riesgo de inflación que la Reserva Federal trata de aventar mediante altas tasas. Ésa es la situación de fondo. Hasta ahora, no parecería que fuera a desmadrarse, pero va en esa dirección, y me parece que todavía se dará algún paso en el ajuste de la tasa de interés.